martes, 27 de enero de 2009

Memorias de un tal Joseph B. Jehová

Joseph B. Jehova era un hombre pequeño y callado, torpe e indefenso. Durante años llevó una vida apagada concurriendo a su rutinario trabajo en su diminuta dependencia de una larga fila de escritorios.

Este estado de las cosas provocaron en Joseph graves alteraciones psíquicas. Pero no se volvió loco. Algo peor, se volvió solipsista. Esta enfermedad lo hizo creer que él era la única cosa que existía realmente, que todo su entorno no era más que su imaginación, y que si dejara de imaginarlo dejaría de existir.

Así fue como un día, cansado de su trabajo, de su vida y del mundo, decidió terminar con todo. Comenzó pensando en todos los escritorios que lo rodeaban, y estos dejaron de existir. Luego quiso que el edificio entero desapareciera y este se esfumó completamente. Pensó en el mundo y al instante se vio suspendido en el vacío. Finalmente se deshizo fácilmente de su cuerpo, pero cuando quiso dejar de existir, nada ocurrió.

"¿Entonces hay un límite para el solipsismo?" se preguntó. "Sí", dijo una voz. "¿Quien eres?"; "El que creó el universo que tú acabas de hacer desaparecer". Hubo un profundo suspiro y continuó: "Y ahora que has tomado mi lugar, puedo retirarme a descansar en paz y dejar que tú continues". "Pero, ¿cómo puedo yo dejar de existir? Eso es lo que quiero." "Sí, ya sé - dijo la voz . Tienes que seguir el camino que he seguido yo. Crea un universo. Espera a que alguien crea lo mismo que has creído tú y quiera dejar de existir. Entonces podrás retirarte y dejar que él siga. Y ahora, adios."

Y la voz calló. Joseph B. Jeohova quedó solo en el vacío, y solo había una cosa que pudiera hacer: creó los cielos y la tierra. Y tardó siete días...

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