jueves, 12 de febrero de 2009

Química

Tan cósmicamente cercanos,
Tan encantados como el mar y la luna.

Tan anatómicamente electrificados.
con tanta tensión entre nuestras concavidades y convexidades.

Tan divinamente destinados,
tan ardientes como el fuego y la madera.

Tan irremediablemente acompañados,
tan alegres como un brindis con copas y burbujas.

Tan humanamente alejados,
tan fusionados como un hielo en un vaso de gaseosa.

Tan hormonalmente necesitados,
tan mojados como la lengua y la boca.

Tan geograficamente parecidos,
tan unificados como la yema y la clara de un huevo.

Tan físicamente acalorados,
tan arrimados como el corazón y la sangre.

Tan corporalmente atraidos,
tan coordinados como las agujas y el reloj.

Tan sexualmente correspondidos,
tan pecadores como Eva y la manzana.

Tan mentalmente sincronizados,
tan calentados como la pizza y la muzzarella.

Tan febrilmente amorosos,
tan románticos como las gotas y la lluvia.

Tan secretamente condicionados,
tan imaginativos como el papel y el lápiz.

Tan fogosamente adentrados,
tan comprometidos como el maestro y los alumnos.

Tan emocionalmente entrelazados,
tan mezclados como el Fernet y la Coca-cola.

Tan familiarmente separados,
tan florecidos como la semilla y la tierra.

Tan sentimentalmente unidos,
tan juntos como los resortes y el amortiguador.

Tan matrimonialmente prohibidos,
tan placenteros como los dedos y los masajes.

Tan medicamente problemáticos,
tan acompasados como el cuchillo y el tenedor.

Tantas coincidencias y tantas cosas en común,
tantos años tarde,
tanta física y tanta química.
Tanta combustión,
tanta sabiduría de Dios...

© 2008 María Laura Curzi

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